Historia del velo de la novia

Velo de novia

Velo viene de la palabra velar o proteger. El velo se originó en el siglo XIII a. de C.. En ese entonces se utilizaba por las mujeres nobles para distinguirse de las demás. Como complemento se ha usado a lo largo de la historia por muchas culturas y en distintas ocasiones: simbolizando pureza, luto o simplemente para ocultar la identidad o protegerse de las inclemencias del tiempo. Actualmente es obligatorio su uso al entrar en algunos templos religiosos.

En el caso del velo de la novia, se empezó a usar en la época de los romanos y los griegos para alejar los malos espíritus de la novia y, como ocurre con muchas tradiciones paganas, esta costumbre se trasladó a las creencias de la religión judía y cristiana (en el siglo XIX). Representa la protección de la pureza de la novia. También la protege de la mirada del novio ya que la tradición dicta que el velo debe cubrir la cara de la novia hasta que se ha realizado la unión por la creencia popular de que da mala suerte que el novio vea a la novia antes de este momento. Tras haberse realizado el enlace, el novio lo levanta y besa a la novia. En la actualidad la mayoría de las novias llevan su velo echado hacia atrás, ya sea cubriendo o no sus hombros.

A lo largo de la historia ha cambiado el color, originariamente amarillo o rojo brillante y en la actualidad blanco, como el resto del vestido. También han cambiado los materiales y las formas hasta lograr convertirse en un elemento elegante y muy favorecedor. Cortos, hasta la cintura o las caderas o largos son utilizados como complemento al vestido.

 

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